Iberis sempervirens: presagio de la primavera

Flores tempranas

 

Subarbusto o hierba perenne provista de tallos sufruticosos, de porte bajo y extendido, que apenas suele alcanzar los 30 cm de altura. Las hojas, lineares, de color verde oscuro, se disponen alternamente en los tallos, permaneciendo todo el año en la planta, gracias a su relativa resistencia a las temperaturas invernales (hasta -7 ºC). Las flores, dispuestas en corimbos terminales, tienen una corola de cuatro pétalos blancos, en cuyo centro se pueden apreciar los pequeños estambres suavemente amarillos.

 

Para quienes no sabemos qué es un corimbo, diremos que es una inflorescencia en la que las flores se originan a distinta distancia de un mismo ápice (aunque bastante juntas, en este caso, a simple vista) pero alcanzan una altura similar, por lo que los pedúnculos exteriores son algo más largos. Además, es característico del género Iberis que los dos pétalos exteriores de cada una de estas flores son notablemente más alargados que la pareja de pétalos orientados hacia el interior de la inflorescencia, bastante más chatos. La agrupación de las flores alrededor del centro, en la que primeramente se van abriendo las flores exteriores, es lo que crea esa armonía concéntrica tan atractiva a nuestros ojos.

 

Las flores comienzan a aparecer tempranamente si los inviernos no son muy severos y la orientación es más o menos soleada, permaneciendo en las plantas casi hasta comienzos del verano. Para ser más exactos, la floración puede comenzar, si se dan las condiciones climáticas adecuadas, en el momento en que cambia el fotoperíodo y los días comienzan, a partir del solsticio de invierno, a ser sensiblemente más largos. De este modo, en nuestra región, aunque las temperaturas nocturnas pueden descender de los 0 ºC, la sucesión de días soleados ha provocado que la mayoría de los carraspiques hayan comenzado a florecer profusamente. Y continuarán todavía durante muchas semanas, hasta cubrir, en el apogeo de la primavera, gran parte del follaje, formando las estupendas manchas blancas que destacan en cualquier jardín.

 

Los frutos, de forma más o menos oval, contienen las pequeñas semillas aladas (menos de 3 mm) que generalmente podremos recoger, una vez hayan completado su maduración, a mediados de verano. Podemos guardar estas semillas en un recipiente hermético hasta la primavera, momento en que las pondremos a germinar mediante el método de siembra directa (mejor en semilleros) para obtener nuevas plantas.

 

 

En un lugar alto y soleado

 

La especie Iberis sempervirens, aunque a menudo puede encontrarse naturalizada en nuestros jardines, se distribuye originalmente por las zonas montañosas de la región mediterránea, desarrollándose mayormente en fisuras de naturaleza caliza entre los 700 y los 3000 metros de altura sobre el nivel del mar, conocimiento que nos puede ayudar para proporcionarle el emplazamiento y las condiciones de cultivo más idóneas: exposiciones soleadas y suelos medianamente fértiles con buena capacidad de drenaje favorecerán la formación de plantas vegetativamente fuertes con una floración abundante y duradera. Los riegos habrán de ser más o menos frecuentes aunque moderados. No es un cultivo exigente en nutrientes, por lo que por norma general no será preciso el abonado.

 

Estas condiciones hacen que el carraspique sea una planta ideal para su cultivo en rocallas, taludes y borduras de caminos, formando, durante todo el año, una excelente cobertura verde que se adaptará perfectamente a los perfiles de las piedras y, por supuesto, a las plantas vecinas: podemos asociar los carraspiques con otras plantas medicinales y aromáticas de porte extendido frecuentes en los jardines de esencia mediterránea, como salvias, tomillos, artemisias, ajedreas, brezos, etc.

 

Aunque quizás no logremos la exuberancia que poseen las plantas en suelo libre, también podemos cultivar Iberis sempervirens en macetas y jardineras, tratándose, por su vistosa floración blanca y porte algo colgante, de una excepcional planta de balcón, que armonizará por su forma y colorido con geranios y gitanillas. El color blanco entonará con facilidad casi en cualquier composición de color.

 

 

 

Medicina sutil

 

 

Aunque es una planta muy popular en jardinería, no es citada frecuentemente por sus usos medicinales, siendo más habituales las referencias en este sentido a otras especies del género, como Iberis amara. La especie que nos ocupa es nombrada en homeopatía para el tratamiento de los dolores musculares y la ansiedad y, sobre todo, aunque no dispongo de una información contrastada o de primera mano al respecto, a la infusión de Iberis sempervirens se le atribuyen propiedades digestivas y carminativas.

 

Lo cierto es que, para el tratamiento de este tipo de trastornos, disponemos en nuestra botica particular de otras plantas aromáticas y medicinales cuyo uso nos resulta más familiar. Más bien, al menos es mi caso, tendemos a apreciar una propiedad (y, no cabe duda, que hacemos uso de ella) mucho más simple, aunque quizás más sutil, que esta planta posee en alto grado y que reside en la serenidad que puede aportarnos la simple contemplación de su belleza.

 

 

Marta Martínez 

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